Detrás de la imagen dinámica y atractiva de Montpellier se esconde una realidad más contrastada: la de un territorio profundamente recomposido por la metropolización, donde las desigualdades sociales y territoriales se agravan. Una evolución que alimenta un sentimiento de desclasamiento y constituye un terreno favorable para la progresión de la extrema derecha.
La metropolización: un modelo de desarrollo dominante
La metropolización designa el proceso por el cual las grandes ciudades concentran cada vez más población, empleos cualificados, inversiones, infraestructuras y poder político. Este fenómeno está estrechamente ligado a la globalización, a la terciarización de la economía y a la competencia entre territorios.
Las metrópolis se convierten así en polos de atracción mayores, pero también en espacios de fuertes desigualdades internas y externas. Como muestran los trabajos de geografía urbana y económica, este modelo produce una jerarquización de los territorios:
- Centros atractivos y conectados;
- Periferias dependientes;
- Y espacios relegados fuera de las dinámicas de crecimiento.
Esta dinámica está bien documentada por la OCDE y por numerosos trabajos académicos sobre las «ciudades ganadoras» y los «territorios perdedores».
Montpellier: una metrópolis en plena expansión... pero socialmente fracturada
Un crecimiento rápido y atractivo
Montpellier es una de las metrópolis francesas con mayor crecimiento demográfico. Su área de atracción cuenta hoy con más de 775.000 habitantes, impulsada por:
- Un polo universitario mayor;
- Una economía terciaria dinámica;
- Una imagen de ciudad joven, innovadora y «donde se vive bien».
Este atractivo se ha traducido en una urbanización rápida, la extensión de la metrópolis y grandes proyectos urbanos (Port Marianne, Odysseum, línea de tranvía, etc.).
Pero una ciudad-centro más pobre que su periferia
Contrariamente a una idea preconcebida, la pobreza se concentra fuertemente en la ciudad-centro.
Según el INSEE:
- La tasa de pobreza en Montpellier supera el 25 %;
- Es netamente más elevada que en los municipios periféricos;
- Cerca de uno de cada cinco habitantes vive en un barrio prioritario de la política de la ciudad.
Montpellier forma parte de las grandes ciudades francesas donde la brecha de nivel de vida entre centro y periferia es más marcada.
Metropolización y segregación socio-espacial
Una ciudad cada vez más fragmentada
La metropolización produce una fragmentación espacial:
- 🟢 Barrios atractivos y gentrificados: precio del suelo en alza, concentración de poblaciones diplomadas y móviles.
- 🔴 Barrios populares (Mosson, Cévennes, Petit Bard...): desempleo elevado, precariedad, servicios públicos bajo tensión.
- 🟡 Periferias residenciales: hogares más acomodados pero dependientes del coche, vulnerables al alza de los costes energéticos.
Esta organización refuerza lo que los investigadores llaman una segregación socio-espacial, donde las condiciones de vida dependen fuertemente del lugar de residencia.
Un modelo que fabrica desclasamiento
La metropolización crea ganadores y perdedores:
- Aquellos que se benefician de la dinámica económica;
- Y aquellos que sufren el alza de los alquileres, la precarización del empleo, el alejamiento de los servicios.
Este sentimiento de desclasamiento territorial está hoy bien documentado por la investigación en ciencias sociales.
Desclasamiento territorial y auge de la extrema derecha: un vínculo documentado
Lo que dice la investigación
Numerosos estudios muestran un vínculo claro entre:
- Declive económico local;
- Sentimiento de abandono territorial;
- Voto por la extrema derecha o los partidos populistas.
🔹 Harteveld et al. (2024) – British Journal of Political Science Muestra que la percepción del declive local aumenta significativamente el voto por los partidos de extrema derecha, independientemente del nivel de ingresos individual.
🔹 Greve, Fritsch & Wyrwich (2022) – Journal of Regional Science Las regiones en declive económico duradero votan más por los partidos populistas.
🔹 Teoría de los "perdedores de la modernización" (Betz, Kitschelt) Los individuos y territorios excluidos de los beneficios de la globalización desarrollan desconfianza política, resentimiento y voto de protesta.
El factor determinante no es solo la pobreza, sino el sentimiento de relegación y la impresión de que «el sistema ya no trabaja para ellos».
Montpellier: un terreno propicio para estas dinámicas
En Montpellier, se acumulan varios elementos:
- Fuerte crecimiento demográfico pero desigualmente repartido;
- Concentración de la pobreza en ciertos barrios;
- Alza de los precios de la vivienda;
- Dependencia acrecentada del coche en la periferia;
- Sentimiento de abandono en ciertos territorios de la metrópolis;
- Alejamiento percibido de los centros de decisión.
Estas dinámicas corresponden precisamente a los factores identificados por la investigación como favorables a la progresión de la extrema derecha.
El voto RN progresa así más en los municipios periféricos y las zonas socialmente fragilizadas, allí donde el acceso al empleo, a los servicios y a la movilidad es más difícil.
Cuando la metropolización fabrica sus propias oposiciones
La metropolización no es un fenómeno neutro. En Montpellier, como en otros lugares, ha producido crecimiento y atractivo, pero también desigualdades profundas.
Al dejar que se agranden las brechas entre territorios, alimenta un sentimiento de desclasamiento social y territorial, del cual la extrema derecha saca provecho hoy. El auge de la extrema derecha no es un accidente político, sino uno de los síntomas de un modelo de desarrollo desequilibrado.
Repensar la metropolización es, por tanto, plantear una cuestión profundamente política: ¿cómo reconciliar desarrollo territorial, justicia social y democracia?
¿Qué alternativas a la metropolización?
Frente a los límites sociales, territoriales y democráticos de la metropolización, numerosas voces —investigadores, electos locales, actores asociativos— llaman hoy a repensar en profundidad los modelos de desarrollo territorial. Lejos de constituir un cuestionamiento del progreso o de la urbanidad, estas alternativas proponen corregir los desequilibrios y redistribuir los beneficios.
Se basan en una constatación compartida: la concentración de las riquezas, los empleos y los servicios en algunas grandes metrópolis no es ni socialmente sostenible, ni políticamente neutra. Otras trayectorias son posibles.
El policentrismo: salir de la lógica del todo-metrópolis
El modelo policéntrico se basa en una idea simple: en lugar de concentrar lo esencial de las inversiones en una sola gran ciudad, se trata de reforzar varios polos urbanos intermedios, conectados entre sí y capaces de ofrecer empleos, servicios y una calidad de vida comparable.
En el caso de Montpellier, esto supondría dejar de pensar el territorio únicamente desde la metrópolis y reforzar las capacidades económicas y sociales de ciudades como Sète, Lunel, Lodève o Béziers, no como periferias dependientes, sino como polos de pleno derecho.
La relocalización económica: recrear actividad fuera de los centros metropolitanos
Otra alternativa consiste en volver a poner la producción y el empleo en el corazón de los territorios. La metropolización a menudo ha ido acompañada de una especialización excesiva de los centros urbanos en las funciones terciarias superiores, dejando a las periferias las actividades menos valoradas.
La relocalización económica busca, por el contrario:
- Mantener o recrear actividades productivas locales;
- Apoyar la artesanía y las cadenas de suministro de proximidad;
- Desarrollar la economía social y solidaria;
- Orientar la contratación pública hacia los actores locales.
La justicia espacial: reducir las desigualdades territoriales
La noción de justicia espacial parte de un principio simple: la igualdad no puede alcanzarse sin un reparto equitativo de los recursos en el espacio. El acceso a los transportes, a la educación, a la salud, a la vivienda o a la cultura varía fuertemente según los territorios, produciendo desigualdades duraderas.
En lugar de compensar a posteriori estas brechas mediante políticas sociales, la justicia espacial propone actuar desde el principio, mediante la propia ordenación del territorio.
El derecho a la ciudad y la democracia territorial
Teorizada por el sociólogo Henri Lefebvre, la noción de «derecho a la ciudad» se basa en la idea de que los habitantes deben poder participar en las elecciones que conforman su entorno de vida. Se opone a una visión tecnocrática o estrictamente mercantil del urbanismo.
Concretamente, esto pasa por dar un mayor lugar a la participación ciudadana, herramientas de control público del suelo y políticas de vivienda que limiten la especulación.
La transición ecológica territorial
Finalmente, la crítica de la metropolización se une a la de su modelo ecológico. La expansión urbana, la dependencia del coche y la artificialización de los suelos son incompatibles con los objetivos climáticos. Una transición ecológica territorial supone acercar lugares de vida, de trabajo y de consumo.
Otra vía que la metropolización
Estas diferentes alternativas tienen un punto en común: rompen con la idea de que la concentración y la competencia serían los motores naturales del desarrollo. Proponen, por el contrario, un reequilibrio de los territorios, una reducción de las desigualdades y una reapropiación democrática de las elecciones de ordenación.
En un momento en que la metropolización alimenta la progresión de la extrema derecha, estas alternativas constituyen un intento de refundar un modelo de desarrollo más justo, más sostenible y más democrático.
Fuentes principales
- INSEE – Ingresos, pobreza y segregación espacial
- Harteveld et al., British Journal of Political Science, 2024
- Greve et al., Journal of Regional Science, 2022
- OCDE – The Metropolitan Century